La Muerte: Enemiga que También Llega a la Escuela

Las pérdidas de vidas en nuestro entorno dejan huellas de dolor profundo. ¿Seremos instrumentos de bendición para nuestros estudiantes?

Christian Growth August 25, 2021

“La pérdida nos enseña mejor el valor de las cosas.” Arthur Schopenhauer

Las películas futuristas, en donde millones se contagian y mueren a causa de un nuevo virus quedaron arcaicas.  La realidad que nuestro mundo enfrenta supera el horror que nuestros ojos podían ver en la ficción.  La realidad nos golpeó de un modo que por momentos todo parece surreal. Pero está pasando. Cuando comenzó esta pandemia, veíamos como la COVID 19 arrasaba con la vida de personas ajenas a nuestro entorno, pero cada vez más casos tocan a nuestros estudiantes, a sus familias, a las nuestras.

Las pérdidas de vidas en nuestro entorno dejan huellas de dolor profundo. Dolor que nos conmueve, nos confunde, nos paraliza. De la misma forma, el cambio de rutinas, la falta de contacto social, la preocupación por el contagio, el hastío de las restricciones, trajeron a nuestra vida emociones nocivas. Emociones que nos quitan la energía, que hacen más difícil la cotidianeidad de la escuela, que amenazan la alegría.

Esto es solo una parte de lo que vemos. El duelo que llevan muchos de nuestros estudiantes o incluso los docentes, es un proceso que la escuela no se puede ignorar. La psiquiatra Kübler-Ross describe cinco etapas del duelo: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. Etapas que transitamos en el camino a la recuperación. Y para que este proceso se pueda dar es necesario escuchar, acompañar, entender y sobre todo respetar los tiempos normales para recobrarse de la pérdida. Tiempos que generalmente no son favorables para cumplir con el currículo escolar.  

Pero como docentes sabemos que los aprendizajes más profundos y permanentes son los que van acompañados de una enorme carga emocional, y vaya si el duelo nos ofrece esto.  A partir del dolor, los valores y prioridades que daban sostén a nuestra vida se reordenan, nuestra mirada cambia luego de perder un ser querido. Tras el proceso del duelo, si logramos asimilar y aceptar la pérdida, todo se vuelve a reordenar en nuestra vida.

En este sentido, podemos y necesitamos capitalizar las vivencias de pérdida para resignificar y reordenar las prioridades y los valores. Aprender del dolor no solo es posible, es necesario. Este aprendizaje no solo alcanza al doliente, sino que enriquecerá a su entorno, y hará que el grupo crezca con él.

Y por, sobre todo, el aprendizaje que podamos dejar a nuestros estudiantes, aprender sobre el sentido de la vida, y el plan de salvación consumado por nuestro Señor Jesucristo, redimensionan el dolor que podamos experimentar. Todo queda pequeño comparado con las maravillas que Dios tiene preparadas para los que lo aman.

¿Seremos instrumentos de bendición para nuestros estudiantes? Si ellos reciben estas verdades de nuestra parte, les ayudaremos a entender el Conflicto en el que estamos inmersos y los ayudaremos a construir las herramientas espirituales necesarias para depender de Dios cada día, en esta crisis o la que nos esperen más adelante.

Dios siempre está cerca para salvar a los que no tienen ni ánimo ni esperanza.  Salmo 34:18

Author

Lic. en Ciencias de la Educación, Prof. de Educ. Inicial. Actualmente se desempeña como asesora Pedagógica del Instituto Adventista de Resistencia, Chaco. Argentina

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